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Archive for 2 abril 2010

Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría.

Proverbio judío

Hoy en día la cuestión no se centra en si una correcta organización de la producción es necesaria, sino que el foco de los estudios ha pasado a concentrarse en cómo organizar esta producción de la manera más eficiente posible, teniendo en cuenta todo lo que micro y macroeconomistas han estudiado y teorizado acerca de los comportamientos de los consumidores, de la demanda, de la oferta, en definitiva, de cómo funciona el mercado.

Asumiendo estas bases ampliamente analizadas el objetivo de los nuevos empresarios y de los entes que operan en el mercado actual es el de seleccionar el modo de producción que mejor se adapte a las características precisas de cada caso, ya que el mercado no es perfecto y se compone de diferentes realidades que han de ser observadas de manera específica. Producción en masa, just in time, artesanal o por lotes son sólo algunos de los modelos a los que cualquier empresario en su papel de director de la producción podrá recurrir a la hora de desempeñar su actividad, y teniendo en cuenta las características que la definen.

No se puede pretender fijar unas reglas exactas sobre qué producto o qué demanda se adapta de manera completa a un sistema de producción prefijado. La variedad que caracteriza el mercado, la innovación que debe existir para que haya crecimiento o, simplemente, los cambios que pueden sufrir los hábitos de los consumidores, generan un entorno en el que los sistemas de producción “de libro” deben ser redefinidos en cada caso y revisados de manera periódica de tal forma que no se caiga en obsolescencia.

De esta manera, a la hora de dirigir la producción serán tan importantes los conocimientos teóricos sobre los posibles modelos que la historia nos ofrece, como la capacidad de análisis de la situación o el aprendizaje empírico llevado a cabo. Combinando estos elementos se tenderá hacia una situación de mayor comprensión consiguiendo una eficiencia mayor, al permitir superar ideas que llegan a ser tan amplias como vacías de contenido como puede ser “adaptar la oferta a la demanda”.

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Incongruencias

Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.
Voltaire  (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

Cuando era pequeño, era un niño muy imaginativo, al que le encantaba entretenerse pensando en cómo funcionaría el mundo. La infancia es una edad difícil en la que las preguntas o cuestiones suelen tener en la mayoría de los casos la misma respuesta: Cuando seas padre comerás huevos.

Bien, no me ha hecho falta ser padre para poder empezar a comprender cómo se mueve el mundo dentro del entramado capitalista, cómo para que una barra de pan llegue a mi mesa tenga que pasar por numerosas empresas antes de que yo mismo me la pueda comer. Es realmente increíble la buena coordinación existente entre cada uno de los factores productivos para que los productos puedan llegar a manos de los consumidores.

Dejando a un lado este aspecto, me llama poderosamente la atención cómo en un mercado donde los consumidores siempre tenemos la razón, existan empresas o conjuntos de empresas que sean capaces de fijar a su antojo el precio de los productos que venden, ya que en un mercado en el que la competencia es pseudoperfecta normalmente el precio se decide en función a cómo sea la oferta y la demanda de un determinado producto. Son los monopolios y oligopolios. Esto viene a cuento de que a la hora de viajar en semana santa, he notado cómo mi pobre bolsillo ha quedado roto por todos los lados viendo el precio de la gasolina. Si tuvieran en cuenta la demanda de este producto para fijar su precio, probablemente éste sería mucho más barato del que ahora es. Como no podemos dejar de consumirla, pagaremos lo que nos pidan porque no nos quedará otro remedio.

Es algo completamente injusto a la par que hipócrita por parte de los gobiernos, ya que teóricamente miran mucho por el desarrollo y la investigación de nuevas tecnologías que no contaminen el medio ambiente en lo que a materia de transporte respecta, pero como no puede ser de otra forma, no les interesa por nada del mundo abandonar la economía del petróleo, que nosotros mismos podríamos llamar desastre del petróleo.

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NoMiedo

Hemos de conocer nuestros miedos y temores y poder llegar a ser personas capaces de afrontar cualquier tipo de situación y problema

Pilar Jericó, autora de ‘NoMiedo en la empresa y en la vida’

Desde que salimos del vientre materno y nos enfrentamos a una atmósfera totalmente desconocida, hasta que acabamos la carrera y nos encontramos por decirlo de alguna manera con una mano delante y otra detrás en el mercado laboral, cada nueva etapa de nuestra vida está marcada en mayor o en menor medida por un sentimiento o atributo inherente al ser humano: el miedo.

El miedo tiene multitud de componentes y orígenes, pero como todo en la vida, puede llegar a ser un arma mortífera o un grandísimo aliado. Todo depende del prisma desde el que se miren las cosas (percepciones) aderezado de dos componentes fundamentales: el tipo de miedo y el grado de aceptación del mismo.

El objetivo básico de todo animal es sobrevivir en el entorno que le rodea. Bien, pues nosotros hemos de sobrevivir en el mundo en el que nos encontramos, tanto en el aspecto personal como en el aspecto laboral, y para ello hemos de mirar cara a cara a nuestros miedos y enfrentar nuestras debilidades con la premisa fundamental de ir creciendo como personas y por supuesto, como trabajadores. Si esta premisa no es entendida de este modo, el sistema puede devorarnos.

En mi opinión, la fortaleza que una persona puede adquirir para afrontar sus propios miedos se realiza a través de las experiencias negativas que cada cual haya podido vivir, es decir, desde el ejemplo de un estudiante que afronta la convocatoria de septiembre de la asignatura que suspendió en junio por falta de estudio, la experiencia adquirida le hará estar capacitado para estudiar aquello que no creía importante y dedicarle más tiempo a la asignatura, de manera que podrá ir más confiado y menos temeroso de suspender.

El mundo empresarial me queda un tanto lejano, ya que nunca he tenido ninguna experiencia profesional en la que haya tenido ocasión de enfrentarme a todos aquellos temores asociados a un puesto de trabajo, pero, soy plenamente consciente de que para poder llegar lejos y poder desarrollar plenamente mi capacidad como trabajador he de tener las cosas claras e intentar llevar como premisa el esfuerzo. Es muy común la gestión empresarial basada en el miedo castigando, de esta forma, el potencial de los empleados y estancándolos de forma indefinida en una rutina y en un estrés que no son sanos bajo ninguna circunstancia y que confiando en nosotros mismos podremos modelar.

Es pues la confianza la que nos ayuda a encontrarnos con nuestros miedos y plantarles cara (aunque un exceso de confianza nos puede hacer todavía más vulnerables). Hemos de ser fuertes y hacer un ejercicio de autoconocimiento tratando de encontrar nuestros puntos débiles y nuestros puntos fuertes para con el esfuerzo poder mejorar estos últimos y que poder ser capaces de sobrevivir en esta jungla del siglo veintiuno en la que nos hallamos.

El libro, me ha ayudado a pararme a pensar y a replantearme ciertos aspectos de mi vida que los tenía un poco olvidados, ya que muchas veces nos dejamos guiar por la velocidad cosmopolita y el hecho de  pensar en los sentimientos personales más íntimos se deja un poco de lado. Tengo la sensación de que me encuentro en una especie de incubadora que es la universidad y que a partir del curso que viene mi vida dará un giro que no sé cómo afrontar. Ese el principal miedo que me venía atormentando durante los tiempos, pero que con la ayuda de Pilar Jericó he logrado en primer lugar reconocer firmemente y posteriormente valorarme e intentar mejorar aquello que mejor sé hacer para en la medida de lo posible lograr que el miedo al ‘¿Qué vendrá?’ no me atormente y consiga motivarme  de cara a un futuro.

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La rutina es el lastre del carácter humano

Richard Sennett, autor de ‘La corrosión del carácter’

La corrosión del carácter, es uno de los libros que más me ha hecho pensar, y que, por tanto, más me ha costado leer. Es un libro denso en el que se reflexiona sobre todo aquello que los hombres encerrados en el capitalismo deberían reflexionar, para darse cuenta de que la vida, desde mi punto de vista es algo más que un trabajo o un dinero que ganar.

En mi humilde opinión, el carácter de las personas es una de las partes clave que configura el alma humana, junto a los sentimientos y a la vida espiritual. Lo que tienen en común cada una de estas partes es que pueden ser moldeadas en función de la situación personal de cada persona.

Uno de los factores que pueden alterar o cambiar el carácter de una persona es su trabajo. Y en el trabajo existen numerosos condicionantes que pueden declinar al alma humana hacia un mejor o un peor carácter. Sin duda, uno de los factores que más estudia el autor es la rutina. Éste, en mi opinión es un arma de doble filo, ya que a todos en ciertos momentos de la vida nos pesa como una gran losa, pero siendo sinceros, no sabríamos que hacer más allá de un mes de vacaciones en ausencia de esa rutina. Es cierto, que en función de la tarea que uno desempeña, puede ser que la rutina pueda llegar a ser asfixiante, pero, como digo todo depende de lo que rodee a la persona: familiares, amigos, tiempo de ocio…

El autor realiza una crítica, aunque en ocasiones es un tanto contradictorio con todo lo que puede alterar el carácter de un trabajador en el sistema capitalista. Es algo sensacional, ya que enseña a reflexionar sobre cómo poder enfocar mejor todos los agobios y posibles que pueda generar el capitalismo.

En cuanto al propio sistema capitalista, tan analizado a través de una evolución a lo largo del libro, es que necesita adaptarse rápidamente a una serie de cambios en las instituciones sociales estables, pero si la sociedad necesita cambios constantes (exigidos por el propio capitalismo) el carácter no puede formarse de un modo estable para extraer cada vez más plusvalía. La esencia del capitalismo es el cambio permanente.

Por tanto, como trabajadores hemos de adaptarnos de la mejor forma posible, y por tanto hemos de ser conscientes de que hemos de trabajar para vivir, y que fuera del trabajo sigamos siendo nosotros mismos, en esencia, disfrutando de las pequeñas cosas que tiene la vida.

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