La esperanza es el sueño del hombre despierto.
Arsitóteles, filósofo griego
El pueblo se ha movilizado. Por fin las mentes se han unido (es increíble el poder de las redes sociales) y el pueblo clama por una democracia justa. Era algo que tarde o temprano tenía que explotar y que me lleva a escribir para dar mi apoyo, un apoyo razonado aunque con algún tipo de matiz que considero muy importante.
En primer lugar se está demostrando que los ciudadanos somos capaces de pensar y de cuestionarnos la cotidianidad. Esto ya es un avance muy importante, ya que como he comentado en anteriores post es muy común que se viva el día a día sin ni siquiera pararse a pensar por un segundo qué se está haciendo y cómo se está viviendo, absolutamente de locos. Por ello, el preguntarse por qué y el obtener respuestas es un hecho que representa una auténtica revolución, y eso es lo que estamos viendo estos días.
Hay que cuestionarse por qué. En el momento en el que esta simple pregunta surge, es cuando nuestra quietud se vuelve inquieta y nuestro mecanismo dubitativo comienza a engrasar. Por qué en pleno siglo XXI la democracia ha evolucionado tan poco?
Esa es la clave de la cuestión, que si no nos lo preguntamos nunca, pasa desapercibida pero que tiene una respuesta, a mi juicio muy esclarecedora: tenemos el ‘poder’ de elegir a aquellos políticos que nos representan conforme a una ideología que decimos procesar y ellos se encargan de hacer las leyes y de llevarlas a cabo. Ahora bien, si distinguimos entre la ideología partidista y las ideas personales de las personas de la calle, puede haber unas distancias insalvables. Por ello cuando salen adelante leyes que pueden afectar directamente a la condición ética o moral del ciudadano se siguen intereses puramente partidistas y en ningún caso la opinión de los ciudadanos.
Una democracia justa ha de tener al pueblo en un lugar donde realmente se vea reflejado su ‘poder’. Es decir en ocasiones en las que las leyes puedan afectar notablemente a la moralidad de los individuos, estas deberían ser sometidas a referendos. Si esto se hubiera llevado a cabo con el desarrollo de determinadas leyes, tales como la del aborto, más de uno se hubiera llevado una sorpresa, ya que, como he dicho, no por pertenecer a un partido político has de compartir la opinión en temas ciertamente delicados.
Dicho esto, no hay que confundir las acampadas y movilizaciones con aquellas peticiones o seguidores extremistas y radicales, que son una minoría que tiene por costumbre aparecer en todos los ‘saraos’. Luchando por algo justo y de forma pacífica estoy seguro que al menos, hará reflexionar a los políticos, aunque la vocación de servicio público que dicen tener, es otro tema. Si la tienen, harán caso al ‘público’.
Fuerza y honor a los acampados. Un cambio es posible.
Hola,
Imagino que al mencionar solamente el derecho a referéndum dejas claro que no compartes demasiado las demás medidas. He leído las medidas propuestas y muchas de ellas no son de mi agrado porque creo que son irrealizables. Aún así me alegra que como bien dices hayamos despertado de nuestro letargo y porque se proclama un cambio, hay que darlo todo para que algo cambie.
Quién sabe qué pasará, pero lo que está claro es que en la medida de lo posible esta acampada es justa y hay que luchar. Marchemos a Sol!!!
Maite
Muy buenas,
La verdad que según van pasando las horas me voy decepcionando un poco con todo el movimiento en general. En primer lugar porque muchas de las cosas que piden a día de hoy son irrealizables por la coyuntura en la que nos encontramos, y en segundo lugar porque hay mucha gente que viene movida sin las ideas claras, como si necesitara de un ‘pastor’ que moviera el rebaño. No sé, pero estoy un pelín decepcionado.
Creo en que el cambio es posible, pero empiezo a pensar que esto sí que se está politizando y hacia el lado de la izquierda. Veremos en qué acaba y veremos a quien perjudica de verdad en las elecciones. Sinceramente, la única forma de cambiar algo, es que en vez de asambleas se decanten por hacer un partido político.
A ver que pasa…