La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos.
Ha pasado un año desde que dejara de escribir, ya que el blog alcanzó su teórico final en el momento en el que acabó la asignatura Dirección de la producción.
No sé qué ha pasado, pero hoy me veo obligado a retomarlo…en parte porque me apetece y en parte porque creo que es necesario dar a la luz reflexiones seguramente un tanto distintas a las habituales…
El año pasado por estas fechas estaba a un tris de acabar la carrera de ingeniería química y mi mayor preocupación se centraba en qué iba a hacer con mi vida. Bien, para todo aquel que no lo sepa, mi vocación primera y mi pasión tardía es (porque lo sigue siendo) ser militar. Es algo que no puedo explicar porque ni yo mismo lo sé, pero que evidentemente está ahí.
Con la carrera acabada en Octubre de 2010, se me abrían dos posibilidades, por un lado opositar para el cuerpo de ingenieros del ejército, y por otro lado, tratar de ser soldado para, en un futuro (mínimo 3 años) poder ingresar en el cuerpo general. En este caso, decidí ser sensato y hacer buen uso del esfuerzo que durante 5 largos años desempeñé en la carrera, así que me matriculé en una academia para preparar la oposición.
Fueron pasando los meses y cada vez era más insistente el rumor de que debido a los problemas que estaba (y sigue) atravesando España, las plazas específicas para mi titulación se iban a reducir a la nada, por lo que mi ánimo en la academia empezó a decaer notablemente (además las fuentes de los rumores eran más que fiables). En este plan una mañana de diciembre, mientras estaba encerrado en la biblioteca recibo la llamada de Repsol, ofreciéndome una beca con unas condiciones muy buenas…y ahí empezó el dilema.
No dejaba de plantearme si merecía o no la pena, si el hecho de coger o no la beca me iba a cambiar la vida… El caso es que pasé una semana de nervios, sin dormir y pensando que Dios pone las cosas en el camino por algún motivo, ya que no siempre aquello que deseamos con todas nuestras fuerzas es lo más correcto. Este pensamiento por una parte delataba cierta cobardía o autocomplacencia, pero decidí arriesgar y ver a lo que un ingeniero químico puede llegar a dedicarse dentro de un grande como Repsol.
De eso han pasado ya 4 meses. No opto (ya oficialmente) a alguna plaza al cuerpo de ingenieros, y un detalle importante, el trabajo que estoy haciendo en Repsol es apasionante.
En definitiva, es importante lo que quieras y cuánto lo quieras, pero jamás se deben cerrar las puertas, porque es imposible poder determinar lo que hay ahí aguardándonos.
Por cierto, nunca lo he sabido exactamente…de qué va la beca?