Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.
Cuando era pequeño, era un niño muy imaginativo, al que le encantaba entretenerse pensando en cómo funcionaría el mundo. La infancia es una edad difícil en la que las preguntas o cuestiones suelen tener en la mayoría de los casos la misma respuesta: Cuando seas padre comerás huevos.
Bien, no me ha hecho falta ser padre para poder empezar a comprender cómo se mueve el mundo dentro del entramado capitalista, cómo para que una barra de pan llegue a mi mesa tenga que pasar por numerosas empresas antes de que yo mismo me la pueda comer. Es realmente increíble la buena coordinación existente entre cada uno de los factores productivos para que los productos puedan llegar a manos de los consumidores.
Dejando a un lado este aspecto, me llama poderosamente la atención cómo en un mercado donde los consumidores siempre tenemos la razón, existan empresas o conjuntos de empresas que sean capaces de fijar a su antojo el precio de los productos que venden, ya que en un mercado en el que la competencia es pseudoperfecta normalmente el precio se decide en función a cómo sea la oferta y la demanda de un determinado producto. Son los monopolios y oligopolios. Esto viene a cuento de que a la hora de viajar en semana santa, he notado cómo mi pobre bolsillo ha quedado roto por todos los lados viendo el precio de la gasolina. Si tuvieran en cuenta la demanda de este producto para fijar su precio, probablemente éste sería mucho más barato del que ahora es. Como no podemos dejar de consumirla, pagaremos lo que nos pidan porque no nos quedará otro remedio.
Es algo completamente injusto a la par que hipócrita por parte de los gobiernos, ya que teóricamente miran mucho por el desarrollo y la investigación de nuevas tecnologías que no contaminen el medio ambiente en lo que a materia de transporte respecta, pero como no puede ser de otra forma, no les interesa por nada del mundo abandonar la economía del petróleo, que nosotros mismos podríamos llamar desastre del petróleo.